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Bienestar animal en avicultura: de la percepción del consumidor a la eficiencia productiva
El bienestar animal atraviesa un momento de transición en la avicultura latinoamericana. Aunque su origen está ligado a la demanda del consumidor europeo, que desde hace más de tres décadas presiona por sistemas productivos más respetuosos con los animales, en América Latina la lógica es distinta. Aquí el precio sigue mandando: los productos diferenciados por bienestar animal continúan siendo un nicho y el consumidor todavía no está dispuesto, de forma masiva, a pagar más por ellos. Sin embargo, la preocupación por cómo viven los animales en los sistemas productivos crece de manera sostenida, y frente a dos productos equivalentes —uno certificado y otro sin certificación— la decisión de compra empieza a inclinarse hacia el primero.
Ese cambio explica por qué, en la región, el impulso no proviene tanto de la góndola como de las propias empresas. Las compañías líderes han comprendido que implementar bienestar animal no es únicamente una respuesta ética o reputacional, sino una herramienta de mejora productiva. Un animal que vive en mejores condiciones se estresa menos, presenta una mejor respuesta inmunitaria, se enferma menos y requiere menor uso de fármacos. El resultado es mayor eficiencia, mejor calidad del producto y mejores parámetros productivos. El bienestar animal, entendido así, deja de ser un costo para convertirse en una inversión con retorno.
La implementación, no obstante, exige método. El punto de partida es un compromiso que baje desde la gerencia y se incorpore a la política de calidad; sin esa decisión desde la cúpula, ningún programa resulta sostenible. A partir de ahí, el proceso es análogo al de cualquier sistema de aseguramiento de calidad o bioseguridad: diagnosticar lo que la empresa ya hace —porque toda operación productiva trabaja por el bienestar animal aunque no lo formalice—, identificar las brechas en registros, capacitación y tecnología, documentar mediante un manual de buenas prácticas, medir con un estándar sólido y, finalmente, decidir la ruta a seguir, ya sea el desarrollo de buenas prácticas o la certificación.
En este recorrido, los puntos más subestimados suelen ser los menos visibles. La ausencia de una evaluación integral impide dimensionar si realmente existe un problema de bienestar, y procesos altamente tecnificados como la incubación esconden variables críticas: la altura de caída de los pollitos, la manipulación durante el sexaje o los tiempos y métodos de eliminación de animales inviables. Cada una de estas prácticas tiene consecuencias a largo plazo sobre el desempeño del ave.
Por último, la sostenibilidad de cualquier programa depende de que trascienda la decisión inicial y se transforme en cultura. Cuando el conocimiento se distribuye a lo largo de toda la cadena —de quien alimenta a quien sacrifica— y cada trabajador reconoce a los animales como seres sintientes cuyo cuidado repercute en el resultado, el bienestar animal se vuelve una práctica automática y perdurable.
Estos son, precisamente, los temas que reúnen al sector en el Encuentro Latinoamericano de Bienestar Animal (ELBA), el congreso técnico que congrega a empresas, referentes y organizaciones de toda la región para compartir experiencias reales de implementación con enfoque productivo. Su próxima edición se realizará el 5 y 6 de agosto en Santiago de Chile.
Conoce mas en: https://elba.la/
Conoce al invitado
MSc. Roberto Becerra — Médico Veterinario, Magíster en Etología y Bienestar Animal. Más de 20 años ayudando a empresas pecuarias y acuícolas de Chile y Latinoamérica a convertir el bienestar animal en mejora productiva, reputacional y de acceso a mercados. CEO de WELFCERT y Gerente General de Food Solutions Team. Transforma la ciencia del comportamiento animal en acciones simples, medibles y efectivas.
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