El “dolor de cabeza” que en realidad protege tu negocio
En muchas empresas agropecuarias, la normativa suele verse como un problema: más papeles, más auditorías y más costos. Para muchos directivos, las certificaciones y los sistemas de calidad parecen simplemente una obligación burocrática.
Pero la realidad es otra.
Ignorar la normativa es operar una planta de alimento sin control real del proceso. Y cuando eso ocurre, los problemas aparecen tarde… generalmente en la granja.
La normativa no es un requisito administrativo. Es el sistema que permite que cada tonelada de alimento produzca exactamente el resultado esperado: animales sanos, desempeño productivo consistente y procesos sin sorpresas.
Cuando una planta trabaja bajo Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) y sistemas de control claros, deja de depender de la improvisación y comienza a operar con procesos predecibles.
El impacto invisible: cuando el problema en la granja nace en la planta
Cuando aparecen problemas productivos en campo, la reacción natural es buscar la causa en la granja.
Se revisa:
- manejo
- sanidad
- ambiente
- genética
Pero muchas veces el origen del problema está en la planta de alimento.
Esto ocurre con más frecuencia de lo que la industria imagina.
Por ejemplo:
Mezclado deficiente
Una mala homogeneidad del alimento puede provocar que algunos animales reciban más aditivo o medicamento que otros, generando variabilidad productiva o fallas terapéuticas.
Contaminación cruzada entre dietas
En plantas multiespecie o donde se utilizan antibióticos, la falta de procedimientos claros puede generar arrastres entre lotes, afectando programas sanitarios o generando residuos indeseados.
Errores en dosificación de ingredientes
Sin controles adecuados, pequeñas desviaciones en microingredientes pueden impactar directamente en el desempeño productivo.
Problemas de almacenamiento de materias primas
Deficiencias en el control de granos pueden generar contaminación por micotoxinas o pérdida de calidad nutricional.
En muchos de estos casos, el problema se detecta recién cuando el impacto ya está en la granja.
Como explica José Luís Ortega:
“El hecho de trabajar bajo ciertos lineamientos, buenas prácticas de manufactura, garantiza que todos los puntos del proceso estén controlados y que no estemos vueltos locos buscando un problema porque de entrada los minimizamos al máximo”.
Detectar una falla en una planta siempre será mucho más barato que intentar corregir una crisis productiva en campo.
De gasto a inversión: el cambio de mentalidad necesario
Uno de los mayores desafíos es que muchas empresas siguen viendo las certificaciones como un costo operativo.
Sin embargo, cuando se analizan los resultados, las plantas que implementan sistemas de calidad logran beneficios claros:
- Control de mermas
Procesos estandarizados permiten reducir pérdidas de materias primas y desperdicio de producto terminado. - Menos reprocesos
Los sistemas bien implementados reducen errores y permiten “hacerlo bien a la primera”. - Mayor inocuidad del producto
Se minimizan riesgos sanitarios que pueden comprometer la salud animal y la reputación de la empresa. - Acceso a nuevos mercados
Cada vez más clientes exigen certificaciones y estándares de calidad para operar.
En otras palabras, la normativa no solo protege el negocio: también lo hace más eficiente y competitivo.
La escalera de la excelencia: BPM, HACCP e ISO 22000
En México, la producción de alimentos balanceados está regulada por diversas Normas Oficiales Mexicanas (NOM).
Entre las más relevantes se encuentran:
- NOM-012: especificaciones de productos para uso en animales
- NOM-022: almacenamiento y transporte
- NOM-024 y NOM-025: instalaciones
- NOM-059: publicidad y etiquetado
- NOM-060: uso de harinas de origen animal
A partir de estas normas se construyen los sistemas de calidad que siguen muchas plantas.
La evolución suele seguir una estructura progresiva:
- ISO 9001 – base de gestión y control documental
- Buenas Prácticas de Manufactura (BPM) – base operativa obligatoria
- HACCP – análisis de peligros y puntos críticos de control
- SO 22000 – sistema internacional de seguridad alimentaria
Las plantas que recorren esta escalera no solo cumplen con la regulación, sino que logran un mayor control de sus procesos productivos.
Infraestructura y el riesgo de la “tregua normativa”
Un desafío importante para muchas plantas es la infraestructura.
Existen instalaciones antiguas que no cumplen completamente con los requisitos de las normas, especialmente en aspectos como:
- diseño de instalaciones
- materiales de pisos y paredes
- iluminación
- flujo sanitario
Actualmente, las autoridades mantienen cierta flexibilidad en la exigencia de certificaciones.
Sin embargo, esto puede generar una falsa sensación de seguridad.
Cuando la normativa se aplique con mayor rigor, muchas empresas enfrentarán inversiones importantes que no podrán resolver rápidamente.
Por eso, la profesionalización de la planta no debería esperar a una auditoría o sanción.
El factor humano: el motor del sistema
Ningún sistema de calidad funciona si el personal no está involucrado.
Los manuales y procedimientos solo funcionan cuando las personas comprenden su rol dentro del sistema.
Por eso, las plantas que logran implementar estos modelos trabajan en tres frentes:
- Capacitación continua del personal
- Comunicación visual en planta (pancartas, señalización, instructivos)
- Programas de motivación e incentivos
Como señala Ortega:
“Para que los sistemas funcionen no nada más es trabajo del que ve aseguramiento de calidad… es un sistema que involucra a todas las áreas”.
Conclusión: calidad que comienza en la planta
La normativa no es burocracia.
Es una herramienta para controlar procesos, reducir errores y asegurar la calidad del alimento.
En producción animal, muchas veces el desempeño en la granja comienza mucho antes de que el alimento llegue al comedero.
Comienza en la disciplina de los procesos dentro de la planta.
Porque al final, la verdadera pregunta no es si cumplir con la normativa cuesta dinero.
La pregunta es: ¿Cuánto cuesta no tener control sobre lo que produce tu planta?
Conoce al invitado
José Luís Ortega es Ingeniero Químico Industrial egresado del Instituto Politécnico Nacional (México). Cuenta con amplia experiencia en control de calidad, aseguramiento de procesos y normativa en plantas de alimentos balanceados. Actualmente se desempeña como Técnico en plantas de alimentos en Tryadd, brindando asesoría y capacitación en procesos, BPM, laboratorio y regulación para la industria.
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