Por qué se pierde entre un 2% y un 3% de eclosión sin que lo notes: Los errores invisibles que tienes que conocer

Autor: Adriano Bailos – Consultor Internacional en Incubación

El mundo de la incubación industrial está viviendo un momento nuevo e interesante. El esfuerzo de las casas genéticas por lograr pollos cada vez más productivos en el campo repercutió directamente en las fases previas de la producción, dificultando el manejo de las reproductoras y las plantas de incubación. Hoy en día, conseguir buenas eclosiones, por ejemplo, ya no es la norma y se ha convertido en la excepción. Los embriones se han vuelto más exigentes y han mostrado necesidades diferentes a las que estábamos acostumbrados: huevos más grandes, mayor generación de calor metabólico, una mayor sensibilidad a las fluctuaciones de temperatura y un desarrollo embrionario más lento son algunos de los nuevos desafíos que ha traído este escenario. Diversos estudios confirman lo sensible que es el embrión a la temperatura de incubación y cómo ésta condiciona el rendimiento posterior del pollito (ver Tabla 1).

Tabla 1. Principales estudios sobre temperatura embrionaria. Confirman que el embrión es muy sensible a las variaciones térmicas: desviaciones de pocos grados modifican la conversión alimenticia, el desarrollo del pollito y la mortalidad embrionaria tardía.

Con este nuevo escenario, las empresas han visto bajar sus eclosiones: las medias que antes alcanzaban el 84 % o el 85 % ahora apenas superan el 80 %, y algunas pérdidas que antes parecían insignificantes empezaron a tener un gran impacto en el resultado final de las empresas. Este artículo pretende abordar algunos problemas «invisibles» que a menudo no son explícitos, pero que provocan pérdidas significativas al eclosionar.

En la búsqueda de mejores eclosiones, conviene empezar mencionando el problema estructural de las plantas de incubación. Una planta de incubación nueva, de una sola etapa y climatizada, tiene una eclosión media de entre un 1 % y un 1,5 % mejor que una antigua de etapa múltiple, y cuando hablamos de huevos de reproductoras mayores de 50 semanas, esta diferencia puede superar el 3 %. Sin embargo, está claro que la incubación no es solo estructura; si no se cuenta con grandes profesionales, con amplios conocimientos técnicos, que coordinen el trabajo, surgirán algunos problemas independientemente del tipo de sistema de incubación.

¿Cuáles serían esos problemas invisibles que pueden afectar a la eclosión incluso si se dispone de una gran estructura? 

El primero es la calidad de los huevos. Los estudios demuestran que los huevos con una densidad de cáscara inferior a 1.070 tienen hasta un 10 % menos de eclosión; los huevos agrietados, entre un 15 % y un 25 % menos; y los huevos incubados invertidos, aproximadamente un 50 % menos de eclosión. Es decir, monitorizar la calidad de la materia prima es imprescindible: si no se hace una buena evaluación a la llegada de los huevos, si no se mide y no se informa al criador, al sanitario y a los nutricionistas sobre los problemas que se están teniendo, se empieza a perder incluso antes de comenzar el proceso.

Foto 1. Ovoscopía de un huevo con cáscara de mala calidad: la luz atraviesa la cáscara de forma despareja y revela zonas translúcidas y un moteado irregular, señal de baja densidad y distribución desigual del material de la cáscara. Estos huevos pierden humedad de manera descontrolada y registran menor eclosión.

Gráfico 1. Reducción de la eclosión según el problema de calidad del huevo. Fuente: elaboración propia a partir de los datos citados por el autor.

Otro problema que puede provocar grandes pérdidas en la eclosión es la gestión de la temperatura de los huevos, desde la llegada a la incubadora hasta la incubación. Mantener la sala del huevo entre 15 ºC y 18 ºC y hacer un precalentamiento correcto a veces es más difícil de lo que parece. No es raro encontrar termómetros de sala de huevos que marcan 18 ºC y, al medir diferentes puntos alejados del termómetro, hallar temperaturas muy por encima de eso. También es común ver que se comete el error de llevar los huevos a un precalentamiento sin enfriar antes el pasillo o la incubadora que va a recibir estos huevos. Si se saca un huevo de la sala de huevos a 15 ºC, la siguiente sala debe estar fría, como mucho 5 ºC más que la anterior; si no, los huevos se condensarán y/o el choque térmico matará a algunos embriones. Por eso, el precalentamiento al recibir los huevos debe realizarse a una temperatura cercana a la de la sala del huevo y, después, comenzar el proceso aumentando la temperatura gradualmente.

Foto 2. Condensación («sudado») por choque térmico entre salas: la humedad sobre la cáscara facilita la entrada de microorganismos y eleva el riesgo de contaminación.

En las incubadoras, algunos problemas son diferentes entre una y varias etapas. En las máquinas antiguas de varias etapas son más comunes los problemas de altas temperaturas embrionarias, huevos agrietados y rotos en la incubación, así como una alta contaminación, ya que no es posible vaciar la máquina para lavarla y desinfectarla adecuadamente; problemas que casi no aparecen en las incubadoras de una sola etapa. En este sistema, el principal problema es la escasa pérdida de humedad de los huevos: es muy común ver pérdidas medias de humedad en torno al 9 % o 10 % hasta la transferencia, y relaciones finales de ave x peso del huevo superiores al 70 %. Situaciones como estas complican mucho la vida del embrión, y muchos ni siquiera nacen. Lo ideal en este caso es tener entre un 11 % y un 13 % de pérdida hasta la transferencia, considerando un mínimo del 10,5 % y una proporción huevo x ave entre el 67 % y el 69 %.

Figura 1. El iceberg de las pérdidas de eclosión: los problemas visibles —huevos rotos, mortalidad evidente— son solo la punta; bajo la superficie, las pérdidas invisibles (desinfección deficiente, baja pérdida de humedad, choque térmico, mal intercambio de aire y huevos invertidos o de baja calidad) son mayores y explican buena parte del 2–3% que se pierde sin notarse.

Después de las incubadoras viene la transferencia y la vacunación in ovo. Este es, posiblemente, el sector más crítico de una planta de incubación, y también donde permanecen ocultos los mayores problemas de eclosión. Es muy común ver, durante las visitas, vacunadoras con mal mantenimiento, agujas torcidas y rotas, falta de desinfección en cada inyección y huevos rotos en el momento de la vacunación, entre otros problemas. Todo esto ocurre en un sector que a menudo es descuidado por los jefes y supervisores, y por el que pasa el 100 % de los huevos incubados.

En casos reales, durante las visitas se han encontrado situaciones como, por ejemplo, la de una vacunadora in ovo que no desinfectaba correctamente las agujas, lo que generaba una pérdida de entre el 2 % y el 4 % de la eclosión debido a la mortalidad embrionaria final. En otro caso, la máquina rompía entre el 4 % y el 6 % de los huevos durante el proceso de transferencia. Cuando la transferencia es manual también ocurren problemas, pero con menor intensidad; aun así, en varias situaciones se han visto huevos rotos o transferencias hechas con cajas frías sucias y/o húmedas. Para evitar problemas como los mencionados, es importante determinar el momento de la transferencia según las necesidades de cada linaje; elegir marcas de vacunadoras in ovo que se preocupen por la parte biológica y no solo por «perforar huevos»; exigir un mantenimiento periódico de las vacunadoras y establecer un programa interno de mantenimiento; realizar inspecciones posteriores a la transferencia en las nacedoras para evaluar si hay huevos rotos, con sangre o con vacuna fuera de la cáscara; y, al final del nacimiento, hacer el análisis embrionario para evaluar si hay embriones muertos debido a problemas de vacunación (huevos rotos, embriones perforados por el perforador y no por la aguja, vacuna fuera del óvulo, etc.).

Por último, pero no menos importante, está el proceso de eclosión. Sería un error pensar que, al llegar los huevos a la nacedora, el trabajo ha terminado. Es cierto que allí no se puede mejorar lo que ya se ha hecho, pero sí se puede empeorar mucho. Uno de los principales problemas invisibles que se ven hoy en día en las nacedoras, y que afecta a cualquier tipo de máquina, es la deficiencia de intercambios de aire debido a un mal control de la presión de la climatización. Es muy importante que los intercambios de aire se realicen correctamente para oxigenar a las aves, además de eliminar el CO2, la humedad, el plumón y el formaldehído de las máquinas. Cuando la concentración de estos factores es alta, se crea un ambiente altamente hostil para las aves, justo cuando el embrión está en el inicio del periodo crítico de desarrollo, empezando la respiración pulmonar y utilizando mucha energía para picar la cáscara. Es esencial que la climatización de las nacedoras tenga un control estricto de la temperatura, con un rango entre 24 ºC y 26 ºC, y también de la presión del aire, manteniendo una presión positiva en la entrada de la máquina y negativa en la salida, teniendo siempre en cuenta los puntos de ajuste en pascales indicados por los fabricantes.

Bibliografía

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Wineland, M. (1999). Diferencias de temperatura embrionaria en incubadora y nacedora y su efecto sobre el desarrollo del pollito.

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